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Infografía en español sobre obesidad vs. desnutrición infantil y su impacto en el cerebro, el aprendizaje y el rendimiento escolar, con un niño al centro, cerebro ilustrado y banner de la UACJ.

Obesidad vs. desnutrición: ¿cuál afecta más al cerebro del niño?

Existe una creencia popular que asocia el exceso de peso con abundancia y salud, y la delgadez con carencia y debilidad. Pero cuando se trata de desarrollo cognitivo en niños, la realidad es mucho más compleja y, en cierta medida, contraintuitiva.

Un estudio realizado en Ciudad Juárez comparó, por primera vez en ese contexto, el desempeño intelectual y académico de tres grupos de niños entre 8 y 9 años: con desnutrición leve a moderada, con peso normal y con obesidad. Los resultados desafiaron algunas suposiciones comunes y abrieron preguntas importantes sobre cómo la alimentación afecta al cerebro, en los dos extremos del espectro.

Cuando comer de más también perjudica al cerebro

El estudio, parte de la tesis doctoral de la Dra. Verónica Portillo Reyes de la UACJ, utilizó pruebas estandarizadas de inteligencia no verbal y habilidades académicas, controlando el nivel socioeconómico, la edad y la inteligencia de las madres para no confundir los efectos nutricionales con otras variables.

El hallazgo más llamativo: los niños con obesidad obtuvieron puntuaciones significativamente más bajas en inteligencia fluida y en habilidades académicas no verbales que los niños con desnutrición leve. Concretamente, los niños obesos mostraron peor desempeño en tareas de razonamiento matricial, condiciones topológicas y puntaje total de inteligencia fluida. En cambio, los niños con desnutrición leve tuvieron un rendimiento similar al del grupo de peso normal en inteligencia y en la mayoría de las áreas académicas.

Esto no significa que la desnutrición sea inofensiva —otras partes de la investigación muestran claramente que sí afecta—, sino que en esta muestra específica, evaluando inteligencia no verbal y desempeño académico a los 8-9 años, el impacto fue más pronunciado en los niños obesos.

¿Por qué la obesidad afectaría al cerebro?

Varias explicaciones han sido propuestas en la literatura científica. La obesidad infantil puede producir episodios de apnea del sueño, que interrumpen la oxigenación cerebral durante la noche, con efectos negativos sobre la memoria y la atención. También se asocia a procesos inflamatorios que pueden afectar el funcionamiento neurológico. Además, la calidad de la dieta que suele acompañar a la obesidad —alta en grasas saturadas, azúcares y alimentos ultra-procesados, baja en micronutrientes— puede ser deficiente en los nutrientes que el cerebro necesita para funcionar.

Una revisión reciente publicada en ScienceDirect sobre el impacto de la desnutrición y la sobrenutrición en el desarrollo cerebral temprano confirmó que tanto la desnutrición como la sobrenutrición pueden alterar procesos neurodisarrollistas críticos, afectando la cognición, la regulación emocional y la salud mental a largo plazo. ScienceDirect El problema no es solo comer poco: también puede ser comer mal o en exceso.

Un problema doble que México enfrenta

Este estudio refleja una realidad documentada en México y otros países latinoamericanos: la coexistencia de desnutrición y obesidad en los mismos contextos y, a veces, en las mismas familias. Este fenómeno —conocido como la “doble carga de la malnutrición”— ocurre porque el problema no es solo falta de calorías, sino falta de calidad nutricional.

En Ciudad Juárez, como en muchas ciudades mexicanas, el acceso a alimentos baratos y de baja calidad nutritiva es más fácil que el acceso a frutas, verduras, pescado o proteínas de buena calidad. Un niño puede consumir suficientes calorías —o incluso demasiadas— y al mismo tiempo estar deficiente en hierro, zinc, ácidos grasos esenciales u otras moléculas que el cerebro necesita.

¿Cómo se relaciona esto con el rendimiento escolar?

El estudio encontró que el cociente intelectual se relacionaba directamente con el desempeño académico de los tres grupos. Es decir, las diferencias en inteligencia fluida no eran solo datos abstractos: tenían un correlato real en cómo les iba a los niños en la escuela.

Los niños obesos, que mostraron menor inteligencia fluida, también tendían a tener peor desempeño académico. Esta relación habla de una cadena de efectos: la alimentación influye en el cerebro, el cerebro influye en la cognición, y la cognición influye en el aprendizaje y el futuro de ese niño.

Lo que esto nos dice a todos

La salud nutricional de los niños no es un problema exclusivamente médico ni una responsabilidad solo de las familias. Es un asunto educativo, social y de políticas públicas. Un niño que llega a la escuela con una dieta inadecuada —ya sea por exceso o por déficit— está en desventaja cognitiva antes de sentarse en el salón de clases.

Entender que tanto la desnutrición como la obesidad pueden afectar el cerebro infantil abre la puerta a intervenciones más integrales: no solo medir el peso de los niños, sino preguntar qué están comiendo, con qué calidad y con qué frecuencia. Y actuar en consecuencia.

Este blog es de divulgación científica y no reemplaza la consulta con profesionales de salud o nutrición.

Veronica Portillo Reyes, PhD
Investigación de

Veronica Portillo Reyes, PhD

Doctora en Psicología y docente-investigadora en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Especialista en neuropsicología clínica, evaluación psicológica y bienestar universitario en la región fronteriza.