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Infografía sobre soledad, aislamiento social y relaciones parasociales en jóvenes mexicanos, explicando cómo mayores niveles de desconexión se asocian con más involucramiento cognitivo y afectivo con figuras mediáticas, así como los posibles riesgos de sustituir conexiones reales por compañía en pantalla.

Cuando la soledad busca compañía en la pantalla: lo que encontró la investigación con jóvenes mexicanos

Imagina que tienes un día difícil. Te sientes desconectado de las personas que te rodean. La convivencia cara a cara se siente pesada, superficial, o simplemente ausente. Y entonces abres YouTube o TikTok y ves a alguien cuyo contenido conoces de memoria —alguien cuya voz ya te resulta familiar, cuyas reacciones puedes predecir, con quien sientes que compartes algo aunque nunca hayas hablado.

¿Eso mejora la sensación de soledad? ¿O la perpetúa?

Un estudio realizado por investigadores de la UACJ con 387 adultos jóvenes mexicanos de entre 18 y 25 años exploró exactamente esa pregunta: ¿existe una relación entre los niveles de soledad y aislamiento social y la intensidad de las relaciones parasociales? El manuscrito se encuentra actualmente en proceso de revisión por pares, pero sus hallazgos preliminares son relevantes y merecen discutirse.

Lo que midió el estudio y cómo

Para evaluar la soledad y el aislamiento social, los investigadores utilizaron el Cuestionario de Aislamiento Social (CAS) de Casullo —un instrumento validado que distingue entre dos dimensiones: la soledad (la percepción subjetiva de desconexión emocional) y el aislamiento social (la sensación de falta de vínculos y participación social). Ambas son distintas: se puede sentir solo en medio de mucha gente, y también puede haber personas socialmente aisladas que no se sienten necesariamente solas.

Para medir las relaciones parasociales, utilizaron un cuestionario diseñado específicamente para el contexto latinoamericano por Bracho (2024), que evalúa tres dimensiones: la cognitiva, la afectiva y la comportamental.

La muestra fue predominantemente femenina (73.9%) y mayoritariamente proveniente del estado de Chihuahua (92%), con una edad promedio de 21 años. Todos los participantes reportaron tener afinidad hacia al menos una figura mediática.

Los hallazgos: dos patrones claros

Los análisis de correlación revelaron dos hallazgos estadísticamente significativos.

El primero: tanto la soledad como el aislamiento social se asocian positivamente con la dimensión cognitiva de las relaciones parasociales. Es decir, las personas con mayores niveles de soledad (r=0.113, p=0.026) y de aislamiento (r=0.144, p=0.005) reportaban también mayor involucramiento mental hacia su figura parasocial: pensaban más en ella, prestaban más atención a sus acciones, se sentían más cercanas a ella de manera imaginada.

El segundo: el aislamiento social también se asoció, aunque de forma más débil, con la dimensión afectiva (r=0.104, p=0.041). Las personas con mayor aislamiento reportaban reacciones emocionales más intensas vinculadas a la figura parasocial: sentirse afectadas por lo que le ocurre a esa persona, experimentar alegría cuando a esa figura le va bien, o tristeza cuando enfrenta dificultades.

La dimensión comportamental —las acciones concretas como buscar contenido o participar en fandoms— no mostró correlaciones significativas con la soledad ni el aislamiento.

¿Qué significa esto en términos cotidianos?

Significa que cuando una persona se siente sola o desconectada socialmente, tiende a pensar más en sus figuras parasociales y a sentirse emocionalmente más involucrada con ellas. No es que las busque necesariamente de manera activa —no es un efecto comportamental— sino que, cognitiva y afectivamente, esas figuras cobran mayor peso en su vida interior.

La explicación que ofrece la literatura es coherente: las relaciones parasociales funcionan, hasta cierto punto, como un mecanismo de compensación para necesidades sociales no satisfechas. Brindan compañía simulada, validación emocional, sensación de pertenencia. Y cuando esas necesidades son más urgentes —cuando la soledad es mayor—, la mente busca ese sustituto con mayor intensidad.

Una revisión con estudios de múltiples países publicada en Journal of Communication encontró que la soledad y la ansiedad de apego son factores que se identifican consistentemente como promotores de las relaciones parasociales, especialmente en sus funciones compensatorias. Frontiers El estudio de la UACJ replica ese patrón en una muestra de jóvenes mexicanos, un contexto cultural que hasta ahora había sido escasamente explorado en esta literatura.

Un ciclo que puede perpetuarse

Aquí aparece la parte más importante y compleja del hallazgo: si la soledad lleva a mayor involucramiento parasocial, y ese involucramiento reduce las oportunidades de buscar conexiones reales —porque la necesidad de compañía queda parcialmente satisfecha de forma ilusoria—, se puede generar un ciclo donde ambos factores se refuerzan mutuamente.

Otros estudios citados en el manuscrito confirman este patrón: personas profundamente comprometidas con relaciones parasociales tienden a reportar menos necesidad de interacción social presencial. No porque sean asociales por naturaleza, sino porque la pantalla ya está llenando —aunque de forma incompleta— el espacio que debería ocupar la conexión humana real.

Esto no significa que las relaciones parasociales sean malas per se, ni que deban evitarse. Significa que cuando se convierten en el principal —o el único— recurso para gestionar la soledad, la situación merece atención.

Importante: lo que este estudio no puede decir

Como los autores señalan explícitamente, el diseño correlacional de este estudio establece relaciones entre variables pero no permite determinar causalidad. No sabemos si la soledad produce mayor involucramiento parasocial, si el involucramiento parasocial genera más soledad, o si ambos se influyen mutuamente. Responder eso requeriría estudios longitudinales que sigan a las personas a lo largo del tiempo.

También es relevante notar que las correlaciones encontradas son estadísticamente significativas pero de magnitud moderada, lo cual es esperable en estudios exploratorios de fenómenos complejos. Son una primera señal, no una ley.

Este estudio está en proceso de revisión por pares. Sus hallazgos son preliminares. Este blog es de divulgación y no reemplaza orientación de un profesional de salud mental.

Veronica Portillo Reyes, PhD
Investigación de

Veronica Portillo Reyes, PhD

Doctora en Psicología y docente-investigadora en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Especialista en neuropsicología clínica, evaluación psicológica y bienestar universitario en la región fronteriza.