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Infografía sobre el uso problemático de redes sociales en estudiantes universitarios y su relación con menor autoestima y mayor ansiedad.

¿Cuánto tiempo pasas en redes sociales? Lo que la ciencia dice sobre tu autoestima y tu ansiedad

Despertarse y abrir Instagram antes de levantarse de la cama. Revisar TikTok entre clases. Checar cuántos “me gusta” tiene la última publicación. Para millones de jóvenes, las redes sociales son parte inevitable del día. Pero ¿qué pasa cuando esa presencia se convierte en algo más difícil de controlar? ¿Cuándo el scroll se siente menos como entretenimiento y más como una necesidad?

Un estudio realizado con estudiantes universitarios de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) exploró exactamente esa pregunta, y sus resultados ofrecen una imagen clara y, en muchos casos, incómoda: el uso problemático de redes sociales está asociado con niveles más bajos de autoestima y más altos de ansiedad.

¿Qué investigaron y cómo?

La investigación, conducida por las investigadoras Dra. Verónica Portillo Reyes y Janeth Aideé Ávila Amaya de la UACJ, junto con el Dr. John W. Capps de la Universidad de Texas en El Paso, evaluó a 100 estudiantes universitarios —36 hombres y 64 mujeres, con edades entre 18 y 44 años— de carreras como Psicología, Derecho, Educación, Administración y Trabajo Social.

A cada participante se le aplicaron tres instrumentos validados científicamente: uno para medir la adicción a redes sociales (que evalúa obsesión, falta de control y uso excesivo), otro para medir la ansiedad en adultos, y la reconocida Escala de Autoestima de Rosenberg. Los resultados se analizaron estadísticamente para identificar patrones y relaciones entre estas tres variables.

¿Qué encontraron?

El hallazgo central es contundente: los estudiantes con mayor nivel de adicción a las redes sociales reportaron también niveles significativamente más bajos de autoestima. En otras palabras, cuanto más se perdía el control sobre el uso de plataformas digitales —ya fuera por obsesión, por incapacidad de reducir el tiempo en ellas, o por su uso excesivo—, menor era la valoración que esos jóvenes tenían de sí mismos.

Del otro lado de la ecuación, los resultados mostraron que los estudiantes con mayor autoestima tendían a puntuar mucho más bajo en todas las dimensiones de la adicción a redes. Esto sugiere que la autoestima funciona como un factor de protección: quienes se valoran a sí mismos de forma más positiva parecen tener mayor capacidad para relacionarse con las redes sociales de manera más equilibrada.

El vínculo con la ansiedad fue igualmente claro. Los estudiantes con niveles más altos de ansiedad —ya fuera de tipo cognitivo, fisiológico o relacionado con preocupaciones sociales— obtuvieron puntuaciones notablemente mayores en todas las medidas de adicción a redes. La relación funcionaba en ambos sentidos: más ansiedad estaba asociada con más obsesión por estar conectado, menos control sobre el tiempo en redes y más uso excesivo.

Esto no ocurre solo en Juárez

Lo encontrado en este estudio no es un fenómeno aislado. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en PLOS ONE que analizó múltiples estudios con poblaciones de estudiantes en distintos países encontró un patrón consistente: la adicción a redes sociales se correlaciona positivamente con síntomas de depresión, ansiedad, miedo a perderse algo (FoMO), soledad y baja autoestima. PubMed Central Esta convergencia de hallazgos en contextos culturales y geográficos muy distintos refuerza la solidez de los resultados obtenidos en la UACJ.

A su vez, un estudio publicado en Scientific Reports que examinó a más de 1,000 universitarios encontró que las personas que dedican mucho tiempo a las redes sociales tienden a tener una autoestima más baja, lo que las hace más vulnerables a la ansiedad. PubMed Central El mecanismo que explica esto incluye, entre otros factores, la comparación social constante y la búsqueda de validación externa que promueven las plataformas digitales.

¿Por qué importa esto?

Porque los estudiantes universitarios están en una etapa de vida particularmente sensible: están construyendo su identidad, estableciendo relaciones, tomando decisiones sobre su futuro y, en muchos casos, lejos de sus redes de apoyo tradicionales. En ese contexto, las redes sociales pueden convertirse en un espacio de comparación que refuerza inseguridades, o en un refugio ante la ansiedad social que, paradójicamente, la alimenta.

La obsesión por estar siempre conectado, la dificultad para desconectarse aunque uno quiera, o la sensación de malestar cuando no hay acceso a internet son señales que vale la pena tomar en serio. No como indicadores de un defecto personal, sino como información útil sobre cómo las herramientas digitales están afectando el bienestar.

Una nota importante

Este estudio es de tipo correlacional, lo que significa que identifica relaciones entre variables, pero no puede demostrar cuál causa a cuál. ¿La baja autoestima lleva a un mayor uso de redes? ¿O el uso excesivo erosiona la autoestima? Probablemente ambos procesos se retroalimentan mutuamente. Lo que sí es claro es que estas variables están conectadas y que atender una puede tener impacto positivo en las demás.

¿Qué puedes hacer con esta información?

No se trata de eliminar las redes sociales de tu vida, sino de relacionarte con ellas de manera más consciente. Algunas preguntas que pueden ayudar a reflexionar: ¿Revisas el teléfono aunque no quieras? ¿Te sientes ansioso cuando no puedes ver notificaciones? ¿Comparas tu vida constantemente con lo que ves en pantalla? ¿Las redes te generan más malestar que bienestar?

Si la respuesta a varias de estas preguntas es sí, puede valer la pena hablar con alguien de confianza o con un profesional de salud mental. No porque estés “enganchado”, sino porque merecer bienestar es razón suficiente para buscar apoyo.

Veronica Portillo Reyes, PhD
Investigación de

Veronica Portillo Reyes, PhD

Doctora en Psicología y docente-investigadora en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Especialista en neuropsicología clínica, evaluación psicológica y bienestar universitario en la región fronteriza.